Los molosos en la Grecia antigua

Además del can Cerbero, que representa al perro centinela, incorruptible y fiero, cuidando de la puerta del infierno para que no escapen las almas, el más importante de los perros conocidos en Grecia era el moloso. De constitución musculosa, fuertes mandíbulas, gran cabeza y hocico corto. El nombre de moloso tiene su origen en la ciudad griega de Molosia, en la antigua región de Epiro, limitando con Macedonia y el mar Jónico. Al moloso se le identifica con el mastín y el dogo. Estos perros fueron traídos desde Persia a partir de la segunda guerra Médica, en el 480 a. C., ya que el hijo de Dario I (549-486 a. C.), el rey persa Jerjes (485-465 a. C.) llevaba con sus ejércitos robustos molosos y estos perros aún no eran conocidos en la Hélade (Grecia antigua).

Posteriormente, el conquistador macedonio Alejandro Magno (356-323 a. C.) los llevó consigo a Epiro y a Macedonia al volver de su expedición a la India. También consta que perros del tipo moloide fueron regalados a Alejandro para su ejército por el rey de Albania. También había perros lobos, difundidos en gran parte de Europa prehistórica, galgos y sabuesos egipcios. Aparte de su participación en la guerra, la misión principal diaria era la custodia de casas y templos.

Otra de las misiones de los perros de guerra eran el sostenimiento de las comunicaciones entre los ejércitos y sus puestos de mando, introduciendo los mensajes en cilindros de cobre que se los hacían tragar a los perros y al llegar a su destino los sacrificaban para recuperar los mensajes.

Sus cometidos más importantes en los ejércitos eran los relacionados con la vigilancia de las fortalezas militares para su defensa y alerta en caso de ataque del enemigo, tal y como lo recogen las siguientes reseñas históricas: El historiador, biógrafo y ensayista griego Plutarco (46-120) recogió la utilización de los perros para custodia de recintos militares en el tomo VII de su obra Vidas Paralelas. Relata la toma la ciudad de Corinto (243 a. C.) por los ejércitos de Arato de Sición (271-213 a. C.) y su permanencia en el fuerte del Acrocorinto, situado en una elevación rocosa de fácil defensa,

XXIV.– Arato redujo inmediatamente a su poder el Hereo y el Lequeo, hízose además dueño de veinticinco naves de las del rey y de quinientos caballos, y vendió en almoneda cuatrocientos siros. Los aqueos guardaron el Acrocorinto con cuatrocientos infantes y cincuenta perros con otros tantos cazadores, que mantenían dentro del fuerte.

Con posterioridad a estos datos, también se recoge otro hecho histórico cuyo protagonista fue un perro llamado Soter, que junto a otros 49 perros y una pequeña guarnición defendían el fuerte de la ciudadela de Corinto. La ciudadela albergaba un templo dedicado a Afrodita, y fue atacada durante la celebración de una festividad de esta diosa por el ejército de la ciudad vecina de Neuplia, ciudad griega con origen en una colonia egipcia, y enemigos históricos de los corintios. El relato nos dice que los atacantes hicieron prisioneros a los soldados de la guarnición y mataron a todos los perros que se enfrentaron valerosamente al enemigo, menos a uno, que consiguió escapar y dirigirse a la ciudad de Corinto para dar aviso del ataque del enemigo. Gracias a esta acción de alarma, el fuerte fue rápidamente recuperado antes de que el enemigo consolidara la posición defensiva, su guarnición rescatada y el enemigo expulsado del lugar.

En honor a este hecho la ciudad levantó un monumento en agradecimiento y colocaron a Soter un collar de plata con la inscripción «Soter el salvador de Corinto».

También se tienen noticias que cuando el vigesimosegundo rey de Esparta Agesípolis I (394-380 a. C.), en el 385 a. C. puso sitio a Mantinea (ciudad líder de la liga Arcadia) ayudados por los tebanos, Agesípolis I dispuso la utilización de perros en las propias avanzadas de su ejército sitiador para que los aliados no pudieran comunicarse y ayudar a los griegos de Mantinea, ya que no confiaba en la lealtad de los tebanos.

Por último, Eliano el Táctico (Aelianus Tacticus), escritor militar griego del siglo II, nos relata la batalla librada entre los ejércitos de la ciudades persa de Magnesia y la griega Éfeso, situadas en le península de Anatolia, en donde los primeros, que habían hecho de los perros como elementos auxiliares del combate, consiguieron la victoria.

El mismo autor nos comenta que los ejércitos de la ciudad griega de Colofón, al norte de la ciudad de Éfeso, utilizaban los perros de forma masiva en la vanguardia de sus formaciones al iniciar la batalla para desorganizar las formaciones enemigas.

El rey Filipo II de Macedonia (382-336 a. C.), padre de Alejandro Magno, utilizó los perros para defenderse de sus enemigos al no poder utilizar sus unidades de élite, caballería pesada y falanges, cuando al invadir el territorio de Arbelas se encontró con una zona muy escabrosa y con mucha maleza. Los nativos la utilizaban para hostigarlos, tomando el protagonismo las unidades de infantería ligera con perros.

Los molosos en la Grecia antigua


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