Los molosos en Persia

Aliates I (759-745 a. C.), rey del Reino de Lidia, situado en una región histórica en el oeste de la península de Anatolia, en lo que hoy son las provincias turcas de Izmir y Manisa, fue independiente desde la caída del Imperio hitita hasta su conquista por los persas, hacia el año 1300 a. C., utilizó los perros de guerra, contribuyendo decisivamente en la victoria de sus ejércitos contra los cimerios (eran antiguos nómadas ecuestres que, según el historiador griego Heródoto, siglo v a. C., habitaban originariamente en la región norte del Cáucaso y del mar Negro).

El rey Alyattes de Sardes (618 a.C-560 a. C.) de Lidia, entre 600-575 a. C., contaba con unidades militares que utilizaban los molosos como perros de guerra.
Los ejércitos del rey persa Ciro II el Grande (575 a. C.-530 a. C.) vencieron al ejército lidio del rey Creso en la batalla de Timbrea a finales del año 547 a. C. a pesar de existir una mayoría de lidios y otros griegos aliados de 3 a 1 en relación con los persas. Según el historiador Ctesias, el rey Creso utilizó camellos en la batalla, haciendo montar a dos personas en cada uno, defendiéndose las espaldas mutuamente, pero el rey Ciro utilizó galgos contribuyendo eficazmente en la victoria.

Entre las fuentes que proporcionan la información existente acerca de las hazañas del rey de Persia de la dinastía aqueménida, Cambises II, hijo y heredero del fundador del Imperio aqueménida, Ciro II el Grande, está el gran relato de la historia de Egipto por el griego Heródoto de Halicarnaso, historiador y geógrafo (484-425 a.C) en su obra Los nueve libros de la Historia. También contamos con Polieno (siglo ii), abogado macedonio que escribió sobre materia militar, en la que incluye la participación de perros como elementos auxiliares del combate en la decisiva batalla de Pelusio, donde los egipcios fueron derrotados por los persas, pro- vocando que Menfis cayera en manos del persa Cambises, convirtiéndose en el nuevo faraón.

Concretamente Polieno nos dice que:
Los egipcios que estaban de guarnición en la fuerte plaza de Pelusio dieron paso a los persas por no hacer daño a una gran tropa de perros y gatos y otros animales tenidos en Egipto por sagrados, que Cambises hacia marchar al frente de sus tropas.

En otro comentario histórico de Heródoto, nos relata el desafío de los ejércitos de dos ciudades griegas sometidas al Imperio persa: Perinto, a orillas del mar de Mármara y Peonia, situada en la actual República de Macedonia, subyugadas por el general persa Megabazo, quien estuvo a las órdenes del rey aqueménida Darío I el Grande (549-486 a. C.) durante su expedición contra los escitas y permaneció en Europa tras la campaña. Este desafío se hizo, para evitar el enfrentamiento de los ejércitos, en tres combates singulares: una pareja de luchadores, otra en una lucha de caballos y por último un combate entre dos perros. Aquí se demuestra la utilización de perros para la guerra en ambos bandos, aunque finalmente no se respetó el resultado de los desafíos, ya que los peonios solo vencieron en el combate de los perros.

Heródoto lo relata de esta forma:
Los primeros a quienes avasallaron a la fuerza las tropas persas dejadas por Darío en Europa al mando de su general Megabazo fueron los perintios, que rehusaban ser súbditos del persa y que antes habían ya tenido mucho que sufrir de los peones, habiendo sido por estos completamente vencidos con la siguiente ocasión. Como hubiesen los peones, situados más allá del río Estrimón, recibido un oráculo de no sé qué dios, en que se les provenía que hicieran una expedición contra los de Perinto y que en ella les acometieran en caso de que estos, acampados, les desafiaran a voz en grito, pero que no les embistieran mientras los enemigos no les insultasen gritando, ejecutaron puntualmente lo prevenido; pues atrincherados los perintios en los arrabales de su ciudad, teniendo enfrente el campo de los peones, hiciéronse entre ellos y sus enemigos tres desafíos retados de hombre con hombre, de caballo con caballo, y de perro con perro. Salieron vencedores los perintios en los dos primeros y al tiempo mismo que alegres y ufanos cantaban victoria con su himno Pean, ofrecióseles a los peones que aquella debía ser la voz de triunfo del oráculo, y diciéndose unos a otros: «El oráculo se nos cumple, esta es ocasión, acometámosles», embistieron con los enemigos en el acto mismo de cantar el Pean, y salieron tan superiores de la refriega, que pocos perintios pudieron escapárseles con vida.(Los nueve libros de la Historia. Libro V. «Terpsícore»).

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