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EL perro en la naturaleza

La capacidad psíquica del perro es el resultado de un largo proceso de evolución durante el cual sus capacidades han experimentado un continuo desarrollo y modificación debidos a la presión ambiental del entorno en el que ha vivido. Los perros disponen de una serie de pautas de comportamiento típicas de la especie destinadas a satisfacer sus necesidades, tanto internas como externas, necesarias para la adaptación y perpetuación de la especie en los distintos ecosistemas donde ésta ha estado presente.

Las pautas de comportamiento del perro son un legado de sus antepasados. Al igual que el resto de las especies, el perro tiene en su código genético las bases instintivas de su comportamiento, que son las encargadas de garantizar que todos los individuos de su especie tengan un patrón de respuestas más o menos rígido que garanticen un comportamiento homogéneo de todos los individuos de la especie.

Estas bases determinan tanto las características físicas y morfológicas como las pautas de comportamiento respecto a los impulsos básicos de la especie; es decir, determinan el tipo de alimentación, el ciclo reproductivo, las relaciones interespecíficas e intraespecíficas, etc. Todos estos mecanismos de actuación se transmiten de generación en generación, pero están sujetos a continuas modificaciones debido a la presión ambiental del entorno del animal. Estos cambios a través del tiempo son los responsables de las variaciones que sufren las especies tanto en sus capacidades físicas como en su comportamiento y constituyen el proceso evolutivo.

Todo este proceso evolutivo ha ido encaminado a la optimización de las capacidades del perro para conseguir un fin primordial: la supervivencia y, como consecuencia de ésta, la perpetuación de la especie.

Este es el objetivo prioritario en la naturaleza: la perpetuación de la especie. Y, para que esto suceda, la naturaleza se sirve de la selección natural, que consiste en que solo los individuos más aptos de la especie son capaces de sobrevivir y reproducirse, con lo que a través de sucesivas generaciones, estos rasgos superiores que poseen los individuos más aptos se convierten en dominantes genéticamente.

Desde el punto de vista evolutivo queda constancia de que unos animales tienen determinadas ventajas frente a otros ya que unos sobreviven y otros no. Por tanto, el animal que posea una determinada ventaja frente a sus semejantes tendrá mayores posibilidades de sobrevivir que aquellos que no la tienen. Las ventajas que unos animales presentan frente a otros pueden ser de dos tipos:

De esta manera, los rasgos menos adecuados tienden a desaparecer porque los individuos que los poseen, no se reproducen o no sobreviven y, por tanto, no trasmiten estas tendencias a su descendencia. Así, por medio de la selección natural, los rasgos que permiten a los individuos comportarse de una forma más adaptativa y sobrevivir, van pasando de generación en generación y pasan a formar parte del patrimonio genético de la especie.

Esto significa que los rasgos adaptativos que facilitan la supervivencia son los que se transmitirá a futuras generaciones con mayor facilidad, y esto es así porque estos rasgos adaptativos son los realmente relevantes para la perpetuación de la especie.

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